“Después de tres años no se ha logrado recuperar el crédito para pymes y familias”, ha expuesto esta mañana el irlandés Paul Moran, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) sobre la experiencia del Nama, el banco malo que creó su país y en el que se ha basado el modelo español: Sareb.

Moran ha reseñado que Nama guarda ciertas diferencias con el banco malo español, fundamntalmente por el hecho de que aquel vehículo es completamente público ya que el Estado nacionalizó los bancos propietarios. El profesor entiende que el Gobierno español no ha tenido otra opción que crearlo, auspiciado por la UE, pero asume que tampoco Sareb tendrá éxito en su objetivo de devolver el crédito a la economía real.

“Es condición necesaria, pero no suficiente”, ha añadido el también profesor del IEB Juan Laborda en unas jornadas sobre Sareb organizadas por el Instituto. “Crear el banco malo no quiere decir que la entidad vaya a dar crédito. No está pasando en Irlanda”, ha subrayado, incidiendo en que será clave que primero las empresas y familias reduzcan su nivel de deuda.

Laborda considera ilustrativo el comportamiento que se ha experimentado en EE UU donde, pese a las políticas de expansión monetaria aprobadas por la Reserva Federal, el dinero no termina de fluir a la economía real. “El dinero no fluye, se convierte en reservas de la banca”, cuenta, asumiendo que esta situación se multiplica en el caso de las líneas de crédito que el BCE concede al sector financiero europeo.

En cuanto al éxito de Sareb en su objetivo de liberar a la banca de su carga tóxica sin que el contribuyente pierda dinero, Laborda considera que todo dependerá de dos factores: “que las conclusiones de Oliver Wyman sean correctas y de que llegue la recuperación económica”.

“La concesión de crédito nuevo no va a llegar hasta que avance el desapalancamiento y eso va a llevar tiempo”, ha incidido Enrique Pérez Hernández, profesor de IEB y moderador e las jornadas.

Ejemplos internacionales: De Suecia a Suiza

Laborda, por su parte, ha repasado otros ejemplos internacionales de banco malo como el caso sueco, que se dio lugar a principios de los años 90. La diferencia es que aquel se hizo como consecuencia de un boom inmobiliario muy parecido al español pero con la diferencia de que entonces la crisis era puramente nacional, no sistémica. Suecia llevó a cabo una “sociedad muy transparente” en la que los accionistas de la banca corrieron con los costes y “solo se garantizaron los depósitos”.

Otra diferencia, ha reseñado, es que allí los equipos gestores de las entidades fallidas “se fueron a la calle”. Para minimizar los costes públicos de la operación, de otra parte, “el banco malo infrapagó los activos” que le compró a la banca. La gestión del vehículo, que duró cinco años, acabó con beneficios. Suiza, por su parte, se centró en actuar sobre un banco específico: UBS, para el que se creó un banco malo ad hoc.

El vehículo de Roosvelt contra los desahucios

Otro caso es el que puso en marcha el presidente EE UU Franklin Delano Roosevelt para hacer frente a la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX. Su único objetivo fue evitar los desahucios adquiriendo a la banca las hipotecas de las familias en riesgo de perder su casa por un precio superior al que obtenía la entidad ejecutando el desahucio. Se evitaron entre uno y 1,5 millones de desalojos.

El banco malo estadounidense, que duró cuatro años pero cuyas consecuencias se notaron durante 18 ejercicios, fue la antesala de la dación en pago (entrega de la vivienda como única condición para saldar la deuda hipotecaria) que Roosvelt introdujo en 1938.

El caso alemán: la banca paga

Laborda también ha abordado el caso germano en el que se creó un vehículo para limpiar la banca alemana de instrumentos estructurados, de los que era gran demandante, tras el estallido de las hipotecas subprime.

Berlín decidió que fuera la propia banca quien cargara con todos los costes de la operación, pero concedió 20 años a las entidades para cubrir la factura con lo que mitigó el golpe a la par que logra el objetivo de limpiar sus balances.

Islandia, la tercera vía

Si hay un ejemplo radicalmente distinto al llevado a cabo por el resto de gobiernos europeos es el de Islandia, que decidió no pagar la crisis financiera de la banca. Después de que el Gobierno fuera derrocado, el dogma que se impuso fue el de proteger al contribuyente de los pecados de las entidades financieras.

Los costes, eso sí, los tuvieron que asumir los acreedores extranjeros, fundamentalmente fondos de pensiones británicos. Una suerte de quita forzosa que, no obstante, ha permitido al país volver a crecer a estas alturas, ha advertido Laborda. Cincodias