¿Por nuestros hijos?

 Históricamente se ha demostrado que unas medidas de recorte de gastos y aumento de ingresos impositivos en una economía en recesión no alcanzan los objetivos deseados.

Básicamente, el reducir los déficits presupuestarios. Esas medidas quedan empequeñecidas por la erosión económica que daña los ingresos fiscales por una menor actividad. Así ha sucedido repetidamente en la mayoría de los países donde se han aplicado, y probablemente así suceda también en España.

Ahondando en este tema, me gustaría mostrarles la opinión del profesor de economía de la Universidad de Oxford, Simon Wren-Lewis, que defiende la idea de que es mucho menos costoso para el bienestar futuro del país, el aplazamiento unos años del objetivo de la reducción del déficit presupuestario (como se está pidiendo ahora para Grecia), que la aplicación de medidas de austeridad que pueden dañar de forma estructural la situación económica de ese país. Esto es lo que dice Simon Wren-Lewis:

Uno de los argumentos que se utilizan para justificar las medidas de austeridad que se están aplicando en toda Europa, es que es por el bien de nuestros hijos. En estas circunstancias, puedo entender perfectamente el impulso de rechazar ese argumento. Parte de ese rechazo viene de la sensación que ese argumento es simplemente hipócrita.

¿Cómo se puede afirmar eso? Pues porque a menudo exactamente las mismas personas que defienden la austeridad también argumentan que no se pueden tomar medidas para reducir el cambio climático porque los costos actuales son demasiado grandes. El gobierno del Reino Unido defendía que iba a ser “el gobierno más verde” de la historia del país. Los hechos dictan lo contrario. El partido republicano en los EE.UU. también se resiste a cualquier acción para reducir el cambio climático debido a los costes de hacerlo –al menos no niegan que el cambio climático existe.

¿La conexión entre ambos factores? Ambos aspectos implican costes para las generaciones actuales (austeridad, medidas para reducir el cambio climático), para evitar costes para las generaciones futuras (aumentos de impuestos, el cambio climático en sí). Si realmente se cree que hay que reducir la deuda en este momento (y no después de que la economía se haya recuperado), a causa de que la deuda tendrá impacto en las generaciones futuras, entonces también se debería estar haciendo todo lo posible para reducir las emisiones de carbono.

Pero sólo porque algunos de los que utilizan el argumento “nosotros lo hacemos por nuestros hijos” para justificar la austeridad, lo están haciendo de una manera hipócrita, no significa que el argumento sea erróneo. Quiero destacar un punto que creo que no se ha hecho con suficiente fuerza. Los argumentos que ven las implicaciones distributivas de una deuda gubernamental permanente más elevada, y sobre si unos tipos reales serán o no serán más altos que las tasas de crecimiento, son analíticamente convenientes pero prácticamente irrelevantes.

Hay muchas razones de peso, que nada tienen que ver con la equidad intergeneracional, por la que sería absurdo no tratar de reducir los altos niveles de deuda pública que tenemos actualmente cuando se recupere la economía.

Sin embargo, a pesar de que las preocupaciones sobre la justicia intergeneracional son válidas, es poco probable que sean claves para el debate de austeridad. Probablemente la mayoría de los temas económicos más importantes incluyen algún elemento de redistribución, y en la práctica, el dispositivo de compensar a los perdedores no es una opción. Tome la política monetaria, por ejemplo. Actualmente contamos con bajas tasas de interés reales, lo que beneficia a algunos pero perjudica a otros. ¿El hecho de que los ahorradores están en peor situación como resultado de esta política, impide que el banco central mantenga las tasas de interés bajas? Por supuesto que no.
En el caso de la reducción de la deuda actual a través de medidas de austeridad, hay otros factores que tienen consecuencias distributivas que van en la dirección contraria. Serán los más jóvenes los que se verán más afectados por la aplicación de medidas de austeridad a través de una menor inversión en infraestructuras o educación. Y lo que es más importante, el alto desempleo entre la juventud puede tener efectos duraderos sobre su bienestar, y el de sus hijos. Si los últimos estudios académicos de DeLong y Summers están en lo cierto, si los efectos negativos de las medidas actuales de austeridad son significativos (que pueden serlo), se podría afectar el bienestar de una generación futura.

Así que no es que los argumentos “de la importante carga de deuda actual” estén equivocados, sino que no son tan importantes en el contexto del debate actual de austeridad. La pérdida de bienestar para las generaciones futuras por el retraso en 10 años de la reducción de deuda es relativamente pequeña en relación a la masiva pérdida de recursos y bienestar causada por las actuales medidas de austeridad. Si estamos preocupados por nuestras generaciones futuras, una forma mucho más barata de ayudar es tomando medidas para mitigar el impacto del cambio climático. Carlos Montero – La carta de la bolsa


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