pirataMiguel estuvo hace unos días en casa. Es amigo de mi hija. Miguel es vago. Ni mucho ni poco, simplemente vago. No ha terminado la carrera, una derivación de lo que siempre hemos conocido como Económicas. Le falta por aprobar asignaturas de los cuatro cursos. Pero es feliz. Comentó que ha sido contratado por una sociedad de servicios financieros.

No presté atención al nombre de la misma, porque me quedé pasmao. “Me lo dijo un compañero de clase. Hice la entrevista y al día siguiente me llamaron para trabajar. Tengo un neto no muy alto.

La clave están en las comisiones por cliente y por operaciones”, dijo Miguel. Estuve a punto de intervenir, de preguntar. Le dejé hablar. Puse mi cabeza a trabajar, a memorizar el máximo de los conceptos, que escupía, sí escupía, porque no entendía lo que el mismo decía. El chico tiene labia ¡ay dios mío! ¡pobres clientes!”.

Miguel sigue con la verborrea. Es vago, pero gran vendedor de motos, de crecepelos e ilusiones. “Mi jefe es un supercrack. Con sólo 27 años ya tiene en nómina 15 personas. Yo he sido el último en incorporarme. Vosotros, me dice,  definís este tipo de compañías como chiringuitos. Pero no es eso. Y se quedó tan tranquilo ¡pobrecito!…”
“…Cada día mi jefe se reúne con cuatro analistas, que tiene en nómina. El resto somos comerciales. Cada día establecen una estrategia: hoy Bolsa española, mañana derivados del petróleo. Una vez que se han puesto de acuerdo, nuestra labor consiste en llamar a los clientes para proponerles la idea, el pelotazo del día. Cada cliente, una operación y cada operación, un corretaje…”

“…Llevo dos días en esta empresa. El compañero de clase que me la recomendó dio el primer día un pelotazo. Fue la venta de futuros del Dow Jones. Se llevó 3.000 euros del ala…”

“…Mi jefe me dice que hay que aprovechar la veta, porque bancos y cajas no dan nada por los ahorros y muchos ciudadanos están hambrientos. Quieren ganar dinero como sea. A mí me han dado un listado de agricultores con dinero, tenderos y comerciantes. En los dos días que llevo, la cosa funciona…”

No quise escuchar más. Me despedí con el viejo truco de “luego nos vemos, tengo una reunión”. Salí a caminar, como todos los días. Concluí que la avaricia es consustancial al ser humano y que la ignorancia es prima hermana de la barbarie, como decía mi maestro de escuela.
Les dejo con este enlace. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha alertado recientemente de lo que conocemos como chiringuitos financieros . La legislación de España obliga a los bancos, cajas, cooperativas y otras entidades a registrarse en el Banco de España. No obstante, en el caso de las gestora de fondos o de las agencias o sociedades de valores, la CNMV es la encargada de velar por la seguridad.

Puede consultar qué entidades están autorizadas para prestar estos servicios en un sencillo buscador de la web http://www.cnmv.es. Además en el portal del Banco de España (http://www.bde.es) está disponible el Servicio de Atención al Cliente, que remite a estos organismos de las diferentes entidades autorizadas por el supervisor financiero.

¿Qué debe hacerle desconfiar de los productos financieros? Según las principales organizaciones de consumidores, los chiringuitos financieros destacan por sus promesas de altas rentabilidades y por trabajar de forma opaca y con técnicas más agresivas de lo habitual. Se debe desconfiar ante todo de los correos electrónicos, que en ocasiones suplantan la identidad de otras entidades sí autorizadas.

Como recuerda un informe de Consumer Eroski, además, hay que observar con cautela los altos tipos de interés: durante los últimos años, los instrumentos de ahorro conservador no han superado en todo este tiempo más de un 3%TAE, aunque en algunos casos muy puntuales se ha alcanzado un 5%. Ahora se está ofreciendo un 4% a cambio de la vinculación durante más tiempo del cliente. Moisés Romero – La carta de la bolsa