Hace tiempo que no me llama tanto la atención un análisis, como el que ayer leí de uno de mis analistas financieros de cabecera: Matthew Lynn, jefe ejecutivo de Strategy Economics.

En dicho artículo publicado en MarketWatch, Lynn defiende que la salida del euro de España sería una opción más deseable que la solicitud de un rescate financiero global, que se ha mostrado ineficiente a todas luces. En la segunda parte de la afirmación estoy completamente de acuerdo. Con respecto a la primera, creo que los argumentos que da Lynn para defender la salida de España del euro son razonables, pero que no recoge ningún inconveniente, que serían muchos.

Publiquemos lo más destacado del artículo de Lynn, y reflexionemos sobre sus afirmaciones:

Los mercados están gastando una gran cantidad de tiempo tratando de averiguar la respuesta a una pregunta muy simple. ¿Cuándo habrá un rescate español, o una solicitud de ayuda de emergencia del primer ministro Mariano Rajoy que diera lugar a la intervención del Banco Central Europeo comprando bonos a gran escala? Pero puede que nos estemos equivocando de camino.

En lugar de un plan de rescate –“bailout”, podría haber un “optout”. En otras palabras, los españoles podrían decidir abandonar el euro antes que someterse a las exigencias de un paquete de rescate dirigido por la UE.

¿Locura? No del todo. En las elecciones del año pasado Rajoy prometió no solicitar un rescate. Los inversores se han vuelto cínicos sobre las promesas de los políticos, y con razón. Ellos las incumplen muy a menudo, y por lo general no vale la pena escucharlas. Pero es muy posible en este momento, la única manera de cumplir esa promesa, y salvar el propio pellejo político, es comenzar a planear el regreso a la peseta.

No puede haber duda de que Rajoy evitará solicitar un rescate del BCE si es posible. El líder del centro-derecha asumió el poder en diciembre del año pasado tras ganar las elecciones con la idea fuerza de que evitaría el destino de Grecia, Irlanda y su vecino Portugal, que se han visto obligados a un rescate del resto de la zona euro. Si Rajoy tiene que romper esa promesa, va a parecer un mentiroso lo que no es una bueno para quien busca la reelección.

Es cierto que aún puede evitarse el rescate. Hay una pequeña posibilidad de que la mera amenaza de intervención por parte del BCE presione los rendimientos de los bonos españoles a niveles aceptables. Se han situado por debajo del 6%, pero eso es principalmente porque los inversores sospechan que el BCE puede actuar en el mercado cualquier día, y no quieren estar en el lado equivocado de la operación cuando esto suceda.

Del mismo modo, es posible que las reformas del mercado laboral puedan finalmente restablecer la competitividad de la economía española, y que sus bancos saquen todos los malos créditos inmobiliarios de sus libros, lo que permita que el país comience a crecer de nuevo dentro de la moneda única.

Es posible. Sin embargo, ambas cosas parecen muy poco probables. En estos momentos, España se hunde en una depresión al estilo griego, con deudas crecientes, y una economía en contracción. Hay, sin embargo, una forma en que el español podría evitar un rescate. Podían abandonar el euro y restaurar la peseta.

Esa ha sido siempre una opción atractiva para los españoles, más que en otros países que luchan por sobrevivir en la moneda única. Este es un país que se había cansado de la autoridad antes de que hubiera comenzado aún, las protestas en Madrid de los Indignados comenzaron el año pasado. Tenían un desempleo terrible – más del 20% de la fuerza laboral y el 40% de los jóvenes – antes de que la crisis del euro comenzara. Una recesión es muy difícil de soportar cuando muchas personas ya están sin trabajo.

Por otro lado, los españoles no tienen mucho miedo a la vida fuera de la zona euro. A diferencia de los griegos, debajo de la crisis del euro, España tiene una economía sólida y exitosa. Tiene un ratio de exportación respecto al PIB parecido al del Reino Unido y Francia – un 27% – lo que significa que hace un montón de cosas y las vende a todo el mundo.

Y, como Gran Bretaña, tiene horizontes más amplios que la economía de la zona euro: las empresas españolas miran hacia las economías de rápido crecimiento de América del Sur, más que hacia la lenta Europa, como un lugar para vender sus productos. Son miembros de la moneda única en gran parte por razones prácticas. Si funciona, genial. Si no es así, a otra cosa.

En este momento, existen dos factores adicionales que tienen que ser añadidas a la ecuación.

En primer lugar, está claro ahora que los paquetes de ayuda de la zona euro son un camino a ninguna parte. La economía griega sigue reduciéndose rápidamente dos años después de que fuera “rescatada”, y en la actualidad está negociando un humillante tercer rescate. Portugal está en crisis de nuevo: el gobierno ya ha tenido que dar marcha atrás en los aumentos de impuestos para tratar de responder a las medidas impuestas por la UE para reducir el déficit, y el país se hunde en una profunda recesión. Incluso la economía irlandesa híper-competitiva, muestra pocos signos de recuperación dos años después de su “rescate”.

¿Quién puede firmar voluntariamente un programa de rescate que se ha demostrado fallido, más allá de cualquier duda razonable, y que implica sacrificios enormes para ninguna ganancia aparente?

Peor aún, la austeridad impuesta por la UE puede dividir al país. El nacionalismo catalán ha resurgido, con elecciones anticipadas en la región prevista para finales de este año. España siempre ha sido una nación dividida. ¿Qué pasa con las deudas de Cataluña si declara la independencia? Nadie lo sabe realmente. Pero es muy posible que los oportunistas políticos locales argumentaran que deberían ser rechazadas. Los partidos regionales independentistas pueden prometer un camino fácil para salir de la austeridad.

Ante esto, ¿La salida del euro no sería un camino más fácil? Después de todo, España es una economía competitiva, con muchas empresas de éxito.

Si Rajoy anunciara la restauración de la peseta, y comenzara a recorrer los mercados de capitales del mundo, tendría una buena historia que contar. Con su propia moneda, y su propio banco central detrás de sus instituciones financieras, el país podría devaluar, restaurar la competitividad de un plumazo, y empezar a quitar cuota de mercado de sus rivales franceses y alemanes.

Los reformados mercados laborales podrían ofrecer más puestos de trabajo una vez que la austeridad se aliviara. Y la industria turística entraría en auge con una peseta más barato. No es un mal escenario, y sin duda lo suficientemente bueno para que un montón de inversores empezaran a invertir en la nueva moneda.

Podría ser una sorprendente transición sin dolor. ¿Descabellada? Es posible. Pero no tan loca como para que los inversores asuman que el rescate es un hecho. Carlos Montero – La carta de la bolsa