Existe una creciente preocupación entre los responsables políticos y los analistas de mercado que la verdadera magnitud de los problemas de deuda de los bancos europeos está siendo enmascarada.

Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, se convirtió en el político de más alto perfil hasta la fecha en advertir de los peligros que existen en los bancos cuando aplazan las ejecuciones hipotecarias, cuando habló en un discurso la noche del martes.

Su severa advertencia a los bancos británicos respecto a tienen que abandonar el “pretexto” de que algunas de sus deudas incobrables se reembolsarán finalmente se acompañó de la afirmación de que tienen “capital insuficiente” para hacer frente a las pérdidas que se han quedado sin declarar. Y este comentario para los bancos británicos se puede generalizar para todo el sector bancarios europeo.

En esencia, lo que parece haber sucedido es que los bancos de la zona euro han aplazado las ejecuciones hipotecarias de los negocios débiles – un proceso que se conoce como “tolerancia”, conocido en inglés como “forbearance”. Esto ha sido posible gracias a los bajos tipos de interés y los paquetes de rescate y a que se han inyectado cantidades sin precedentes de liquidez en el sistema bancario y que sirvió para ayudar a mantener a flote las economías en dificultades, comenta Catherine Boyle en la CNBC.

La escala de tolerancia se entiende por las tasas relativamente bajas de insolvencia de las empresas.

Las tasas de insolvencia  en el Reino Unido, a pesar de la recesión de los últimos trimestres, son similares a las de 2002, cuando la economía creció un 1,6 por ciento, según cifras del gobierno.

Aunque los problemas de Grecia han sido tremendos, sólo cinco empresas griegas se declararon insolventes en 2011 – año en el que se vio obligada a buscar un rescate de los prestamistas internacionales – menos que en 2007, cuando su economía seguía creciendo.

Esta tendencia vista en el Reino Unido y Grecia se puede extrapolar a toda la zona euro, donde las economías más débiles están sufriendo una tasa de insolvencia más baja que en los momentos de crecimiento.

En 2011, las cifras más bajas en el número de insolvencias por cada 10.000 empresas se registraron en Grecia, España, Italia y Portugal, de acuerdo con los cálculos de Creditreform.

Sin embargo, como Nigel Myer, director de estrategia de crédito de Lloyds, señala, que esto es “en la práctica invisible” y “casi imposible de cuantificar”. Las decisiones son tomadas por los bancos individualmente y no tienen que declararse en virtud de las normas contables.

La postergación de las ejecuciones hipotecarias puede ser peligroso no sólo porque enmascara el verdadero estado de los negocios, sino porque podría significar un incremento de la insolvencia si los bancos deciden cambiar sus políticas en respuesta a un empeoramiento de la economía, con el daño potencial a las cifras de empleo y a la economía en general – y también para los propios bancos.

“En la medida en que la tolerancia ha tenido lugar, un empeoramiento del entorno económico en estos países podría dar lugar a un ritmo más acelerado de deterioro de la calidad de los activos de lo que podría deducirse de los números reportados”, advirtió Myer.

Por supuesto, aplazar los pagos de los créditos morosos puede ser positivo para la economía, especialmente en el corto plazo.

Se ha permitido la supervivencia a las empresas y la gente puede mantener su empleo. Es también muy probable que se soporten así los ingresos fiscales y se reduzca la necesidad de apoyo desde la seguridad social.

Pero hay gente que da las gracias a los bancos por no haber elevado la insolvencia al otorgar un aplazamiento de los créditos morosos.

Andrew Bailey, miembro del Comité del Banco de Política Financiera y máximo responsable del regulador británico de servicios financieros, agradeció a los bancos esta forma de manejar la crisis a principios de octubre.

Los países europeos que se verán menos afectados por esta “tolerancia” si sufrimos un deterioro económico mayor de lo esperado serán Suiza, Austria y Dinamarca, de acuerdo con Myer. Carlos Montero – La carta de la bolsa