La gran pregunta que la comunidad bursátil se hace en estos momentos es si el gran rally del mercado de renta variable europeo de este verano es justificado. Y, lo más importante, ¿se puede mantener? El punto de vista general es “posiblemente” y “probablemente no”, en ese orden.

El Ibex ha subido más de un 25%, mientras que FTSE MIB de Italia un poco menos de un 24% desde los mínimos de finales de julio. El índice DAX alemán tocó fondo a principios de junio, y desde entonces ha repuntado un 18%. En general, el índice Stoxx 600 ha avanzado un 15% en ese mismo período.

La mayor parte de esas ganancias vienen motivadas por la promesa del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, de “hacer lo que sea necesario para salvar el euro”. La lectura del mercado ha sido que la promesa significará que el BCE comprará bonos de los países de la eurozona que estén en problemas y en una cantidad suficiente para reducir los intereses a un nivel consistente con su autofinanciación.

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Efectivamente, los rendimientos de los bonos italianos y españoles descendieron drásticamente y sus acciones se dispararon.

Con esta reacción, podemos ver que el mercado de acciones estaba descontando un colapso del euro. Y este colapso no solo implicaría un trauma para el mercado financiero y económico superior al sufrido tras la quiebra de Lehman Brothers, sino que se perderían los beneficios de la integración monetaria. Por lo tanto un descenso de estos riesgos es claramente positivo para las ganancias futuras.

Entonces, ¿por qué pensar que estas ganancias no podrían sostenerse? Se pregunta Alen Mattich en un artículo en The Wall Street Journal.

Bien, por un lado, estamos ante una crisis contagiosa. Parece poco probable que la crisis griega se resuelva en un futuro próximo y todavía hay un riesgo muy importante de salida de la moneda única (Grexit).

Y por otro lado, tampoco está claro que los bajos rendimientos de los bonos serán suficientes para devolver el crecimiento a estas economías en el corto plazo.

Las economías de la eurozona en dificultades sufren de una falta de competitividad y otros problemas estructurales, como una rigidez en los mercados laborales y unos trámites burocráticos que impiden la creación de nuevas empresas. Esto no se resolverá pronto. Hasta que haya una solución, persistirán la recesión y el lento crecimiento, lo que significa que las empresas seguirán sufriendo y no comenzarán a contratar trabajadores. Pero incluso si se resuelven, muchas empresas saldrán perdiendo cuando caigan las barreras a la competencia, poniendo presión a la baja sobre los beneficios.

Más preocupante, sin embargo, serán las necesidades de financiación de los gobiernos. Con las familias ahogadas en un mar de impuestos, los gobiernos buscarán donde encontrar dinero. Y eso significa las empresas.

Incluso si la zona euro es rescatada, todavía queda un largo recorrido por delante. Y ustedes, los inversores, deben exigir una prima por ello.

Fuentes: Alen Mattich, Carlos Montero – La carta de la bolsa